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Uno de los colectivos de artesanía de mayor importancia durante muchos siglos fue el de los herreros, encargado de realizar toda clase de herramientas. Estos artesanos, estaban deificados en la antigua Grecia, bajo la protección de Hefesto, dios asimilado posteriormente por los romanos bajo el nombre de Vulcano. Ambos eran las deidades del fuego y de las forjas.
La expansión de los viñedos a gran escala comenzó con la llegada de las órdenes monásticas a Galicia a partir del siglo X. Pero, pese a que la Iglesia fue una gran impulsora de este producto, los campesinos fueron los encargados de su expansión, cuidado y posterior producción. Dada la problemática derivada de la titularidad del suelo, en manos de la nobleza y el clero, y en la búsqueda por parte de estos de una vinculación legal entre ambos estamentos sociales, surgen los foros en el siglo XII.
El inicio de la producción vinícola viene de lejos, si bien tenemos constacia datada de que los romanos ya habían dejado el su rastro hacia el siglo III en el lagar rupestre de Santa Lucía de Astariz (Castrelo de Miño), los últimos estudios señalan que en nuestros suelos ya se practicaba la viticultura con anterioridad. Mas no podemos negar, que el gran momento de implantación de este tipo de cultivo llegaría en la Edad Media con el auge monástico.