La tradición oral vitivinícola, base de memoria cultural e histórica.

16 de Abril do 2021
Pandereteras. Daniel Rodríguez Castelao, 1942. Colección privada.

Tenemos el compromiso de mantener nuestra cultura y tradición vivas y activas, ¡y nuestras letras guardan mucha sabiduría! Este mes, vamos a rescatar algunas coplas y refranes cuya presencia en fiestas y en oficios como el de los cesteros o el  de los herreros tuvo gran huella y cuyas variantes se encuentran a lo largo y ancho del país.

Las cantigas, al transmitirse de manera oral y no ser recogidas en la escritura o por medio de grabaciones hasta hace relativamente poco, van variando en relación a la zona en la que se cantan y mismo podemos escuchar la misma copla en diferentes cantigas. El habla explica que ocurría en cada mes del año, acudiendo muchas veces a la ironía o al santoral. Y también el habla, ocultaba conversaciones en algunos de los oficios vinculados con la vid.

El verbo de los bogardeiros (cesteros) no es el único conocido y documentado dentro de la tradición oral gallega, pero nos sirven para comprender que su habla era el producto de la adopción de palabras de otras lenguas como el euskera, el catalán, el latín..., erigiéndose casi como un habla criptológica, para que las personas ajenas al oficio no pudieran entenderles.

La recogida del verbo de estos gremios se la debemos a filántropos como Enrique Peinador Lines, que recogió el habla de los cesteros de Mondariz en su “Vocabulario de los cesteros de Mondariz” compilando más de trescientos términos, para que tal herencia no se perdiese, aunque la existencia de este habla está ya documentada desde el siglo XVIII.

Si bien este ejemplo nos demuestra el interés antropológico, etnológico o filológico que despertaba la lengua que usaban para comunicarse entre ellos los cesteros, esto es aplicable a los afiladores, a los herreros o a los canteros. Pero además, la forma de explicar el discurrir del año se concretaba también en las cantigas que se escuchaban durante los trabajos del campo o en las conversaciones del día a día.

Hablar del mes de abril nos llevan al clásico “en abril aguas mil, que todas caben en un barril”, pero son muchas más las rimas que aún se recuerdan si les pedimos a nuestrxs mayores que nos cuenten cómo se calculaba el tránsito del año. Por ejemplo: “marzo ventoso, abril lluvioso, traen a mayo florido y hermoso”, ¡y con mayo los mayos (fiesta de la primavera en Galicia)! ¿Veis? El habla expresa tanto o más si nos paramos a escucharla con atención, pues lo que la climatología de cada mes había traído también podía suponer momentos de alegría o de dolores de cabeza para el campesinado! “Abril, deja a las viñas dormir”, porque ya sabéis que una helada es lo último que queremos una vez iniciada la brotación.

Hemos visto así como la tradición oral nos expresa los miedos, gozos e inquietudes de la sociedad y finalizamos esta pequeña reflexión con un cantar que en el entorno del Museo del Vino bien conocen, pero que, seguramente, levante alguna polémica, el “Cantar del Arrieiro” que, dependiendo de donde lo recojamos, lo escucharemos con coplas que citan a O Ribeiro, Monterrei... y vosotros, ¿qué versión seguís?

Os dejamos, además, el enlace a la versión de Luz Divina Vázquez, de Anxeriz, fruto de una maravillosa recogida realizada por Pedro Bass, Xermán Molinos, Berta del Motinho, Pichi Aboyado, Rosa Hermida y Luis Ruego en febrero de 2011. 

El cantar del arrieiro

te es un cantar muy bajito;

lo cantan en Ribadavia

resuena en el Carballiño.

 

Deixame subir al carro,

carreteiriño de las uvas, deixame subir al carro

cogeré de las más maduras.

 

Monterrei está en el alto,

Tendiril está en el bajo,

Nuestra Señora de la Estrella, ailelelola

está en un campiño raso.

 

De ese otro lado del río

tengo una parriña de uvas

y el barquero no me pasa,

y ellas caen de maduras