Una problemática frecuente a la hora de consumir vino es saber cómo guardar el sobrante para que aguante lo máximo posible. Una vez abierta la botella, el oxígeno entra en contacto con el líquido y comienza un imparable proceso de oxidación que, con el tiempo, remata por estropear el caldo.
Para retrasar este momento, traemos distintos métodos, desde los más tradicionaes hasta dispositivos altamente tecnológicos.
El método del trasvase. Al pasar el vino sobrante a una botella más pequeña y taparlo con el propio corcho al revés u otro tipo de tapón, la cantidad de oxígeno en contacto con el líquido se ve reducida.
Tapones de presión para espumosos. Más allá de trucos caseros y poco o nada efectivos, como el de introducir una cuchara, este tipo de tapones herméticos ayudan a mantener la presión dentro de la botella.
Si sueles emplear el vino para la cocina, otro método para que no se estropee es congelar el caldo sobrante en cubos de hielo listos para usar en cualquier momento en tus recetas.
Bombas de vacío. Estos aparatos extraen el oxígeno del interior de las botellas. Existen modelos manuales y también eléctricos.
Aerosoles de gas argón. Este gas se emplea para preservar el vino por sus características: se trata de un gas inerte que no reacciona con los caldos y, además, desplaza al oxígeno del interior de las botellas, creando una capa protectora.
Sistemas de cierre con gas argón y aguja. Además de la opción previa, existen hoy en el mercado avanzados dispositivos que, con la ayuda de una aguja, permiten extraer copas de vino e introducir el gas argón sin necesidad de abrir la botella, permitiendo así la conservación del vino por mucho más tiempo.