Algunas de las grandes fiestas vinícolas del mundo romano fueron las denominadas Vinalias. Dos celebraciones populares llevaban este mismo nombre, teniendo por una parte las Vinalia Priora y por la otra las Vinalia Rustica, también conocidas como Posteriora. Se trataban de festividades en las que los romanos honraban a los dioses Venus y Júpiter con la esperanza de que las cosechas de ese año fueran prósperas. Mientras que Júpiter simbolizaba el vino en los ámbitos religioso y ritual, Venus era la representante del vino consumido en el ámbito doméstico, en la vida cotidiana.
Abril, temporada primaveral y mes sinónimo de floración y germinación de la naturaleza. La festividad vinícola de las Vinalia priora acontecía cuando el calendario romano señalaba el 23 de abril. Éste era un evento que giraba en torno al vino y a la vendimia y con ella se daba inicio al proceso de vinificación. A modo conmemorativo se degustaba el vino nuevo y se realizaban libaciones a Júpiter con el vino de la cosecha anterior.
Otra serie de fiestas de similar índole eran las Vinalia rustica, las cuales sucedían unos meses más tarde, el 19 de agosto. Varrón asegura que estaban adjudicadas a la Venus Obsequens (“Complaciente”), coincidiendo con el aniversario de la construcción del templo consagrado a la divinidad, en el 295 a.C. (La Lengua Latina, 6, 20). Sin embargo, el origen más famoso de las Vinalia Rustica tiene como protagonistas a Turno y Mecencio, rey de Etruria, en su lucha contra Eneas. Eneas le suplicó a Júpiter que el triunfo fuera suyo, prometiéndole a cambio una gran parte de la cosecha de vino obtenida en territorio romano. El vencedor fue este último, por lo que al dios le fueron dedicadas.
Las Vinalia Rustica estaban consagradas a Júpiter y oficiadas por el flamen dialis, el sacerdote del dios. Varrón recuerda en su Lengua Latina (Libro VI, 16) la celebración de las Vinalia rustica y, más concretamente, las funciones que recaían en el sacerdote. El flamen dialis ofrecía sobre un altar los sacrificios a Júpiter, entre los que destacaba el de una cordera; cortaba el primer racimo, un sencillo gesto que autorizaba la recogida de uva anual, y también intentaba presagiar cómo sería la próxima vendimia.
“Ya están atadas las vides, ya la plantación ofrece el descanso a la podadera, ya el viñador canta el fin de sus trabajos, finalizadas sus hileras y, sin embargo, la tierra hay que atenderla de continuo [...] y temer a Júpiter, cuando las uvas están ya maduras” (Virgilio, Geórgicas, II, 417-419). Las Vinalia rustica disfrutaban de una gran relevancia ya que en ellas se imploraba que el clima fuera propicio para que las cosechas del sucesivo año fueran abundantes. Los viticultores confiaban en Júpiter, administrador del clima, de las tempestades y de las lluvias, y pedían su favor para que la maduración de las uvas no se malograra durante su ciclo.
Imagen: Detalle del mosaico de "La Vendimia", Casa del Anfiteatro, s. III d.C. Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.