En un momento de precariedad como fue la posguerra española, en la que las circunstancias económicas de la época hicieron que la figura individualista del bodeguero y campesino se volviera insostenible, nacen las cooperativas en un intento de arreglar la situación.
La falta de medios tanto económicos como físicos hizo que la producción de vino y el cultivo de los viñedos excedieran los costes estipulados llegando mismo a dar pérdidas en vez de ganancias, por lo que se optó por uno nuevo modelo de unión conocido como cooperativas.
Con la creación de estas nuevas entidades los productores podían reducir los costes, aumentar la calidad del vino e incrementar la remuneración del producto. Uno de los grandes avances con las cooperativas fue el almacenaje, ya que antiguamente los pequeños productores no contaban con el espacio suficiente y tenían que vender el vino en un corto período de tiempo para poder tener sitio para la siguiente cosecha, con la formación de las cooperativas este problema se solucionó. Otra de las mejoras que se hizo con la creación de estas nuevas entidades fue la eliminación de los intermediarios, las ventas del vino se realizaban de forma directa dándole mayor importancia a figura del productor como comerciante, contribuyendo así al incremento de los ingresos y dedicándose completamente a la venta al por mayor para obtener una mayor rentabilidad, dejando la venta directa al consumidor para ocasiones excepcionales.
Además, estas entidades no podían liquidar con retraso la cosecha de los pequeños viticultores, por lo que estos utilizaban la llegada de la uva como fuente de crédito, dándole a la cooperativa poco margen de maniobra. Si añadimos las cosechas fortuítas, la continua oscilación del comprado y la caída de los precios debido a la sobreproducción del vino, nos da a entender que en el siglo XX la venta del vino por medio de las cooperativas era complicada y muy limitada, aunque por otro lado, la aparición de las cooperativas trajo un mayor control en las medidas de calidad, de higiene y de regulación.
En Galicia se decide unificar el sector vinícola en dos grandes bodegas cooperativas, situadas estas en la Ribeira del Miño y en el Ribeiro del Avia, con una capacidad de entre 250 y 500 bodegueros asociados. En 1952, el régimen de Franco decidió por ley que el cooperativismo estaba subordinado a los intereses nacionales bajo la tutela absoluta del sindicalismo oficial. Finalmente en 1953 se inaugura la primera cooperativa vitivinícola de Galicia en el Ribeiro, hace 69 años, y que actualmente continúa en funcionamiento .