La uva Mencía guarda una larga tradición ya que en el pasado fue tan apreciada que incluso los romanos cultivaron esta variedad en el noroeste de la Península Ibérica. En la documentación histórica tanto Estrabón (67 la.C.-24 d.C.) como Plinio el Viejo (23-79 d.C.) señalaban la existencia de viñedos en la comarca castilloleonesa del Bierzo, donde predomina una geografía montañosa. Más tarde, en la Edad Media serían las órdenes monásticas, principalmente los monjes cistercienses, los que se encargarían de extender su cultivo. Desafortunadamente, esta uva también pasó por periodos desfavorables al sufrir los estragos ocasionados por la tan dañina plaga de la filoxera, que llegó a Galicia a mediados del siglo XIX y provocó una fuerte crisis y la desaparición de estos viñedos.
Dentro del territorio gallego, la uva Mencía predomina mayoritariamente en las Denominaciones de Origen de la Ribeira Sacra y de Valdeorras, siendo la segunda tinta autóctona con mayor producción en las Rías Baixas. Su presencia y producción son tan amplias puesto que se trata de una variedad fértil, de ciclo corto y que madura con gran facilidad. A simple vista los racimos acostumbran a ser pequeños y compactos, con granos de tamaño medio en forma elipsoidal y de piel gruesa.
De estos frutos violáceos se obtienen vinos suaves de excepcional calidad en los que destaca su intenso aroma con notas a frutos rojos maduros y con una acidez equilibrada. Por otro lado, también se emplea para la elaboración de vinos nuevos, con la posibilidad de mezclarla con otras tintas autóctonas para la obtención de caldos de una mayor complejidad y estructura.
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