La alfarería del vino: una relación ancestral.

23 de Julio do 2021
Cuncas y jarra de Niñodaguia

La alfarería es uno de los oficios de tradición centenaria en Galicia vinculado desde su origen con la cultura del vino. El consumo del vino tiene una dimensión social muy relevante ya que forma parte de los ritos religiosos, de las festividades y también del ámbito del hogar. Toca prácticamente todas las facetas de la vida y establece una cultura y unas costumbres comunes la cada grupo generando una larga tradición sobre estos sabrosos caldos. Como oficio, la alfarería comienza de una forma individual y principalmente doméstica pero pronto pasa a depender del alta producción de ciertas actividades agrarias para ofrecerles objetos necesarios para desarrollar el trabajo de producción como fue el caso del vino.

En el Museo del Vino de Galicia dedicamos varias salas a todos estos oficios artesanales que fueron de alguna manera indispensables para la producción y consumo del vino como fueron los cesteros, comunidades que fabricaban los cestos para lo transporte de la uva en las vendimias y tradición aún viva en Mondariz, o los herreros, sin los cuáles no se tendría acceso a toda aquella herramienta precisada para trabajar en las vides. Es también el caso de los cuberos y toneleros, que hicieron posible a fermentación en cubas de madera y el transporte del vino para su comercialización, y sin duda la alfarería tradicional cuya vinculación vamos a estudiar brevemente a continuación. 

Es bien sabido que para beber vino y venderlo es preciso un recipiente, tenemos en la cabeza a imagen de los vikingos noruegos bebiendo en grandes cuernos de animales como inicio del que mucho más tarde serían las copas de vino de vidrio a las que estamos acostumbrados, pero en el recorrido la alfarería llegó la basar su producción en las necesidades básicas de la elaboración y consumo del vino estableciendo entre ellas una relación cultural histórica y casi sentimental.

Esta relación tan estrecha entre el vino y la cerámica tradicional surge ya en el Antiguo Egipto. Se encuentran grandes ámboas de barro cocido con restos de vino como parte del menaje funerario que indican que ya en el 8000 a.C. se fermentaba el mosto en cerámicas. En Galicia tenemos constancia de que ya existía el comercio vinícola en el siglo V a.C., fecha de la cual se conservan fragmentos de ánforas con vino procedentes de la Magna Grecia en el castro de O Neixón Grande. Según la profesora Josefa Rey este sería el ciclo comercial más antiguo del vino en Galicia. De esta misma época encontramos piezas cerámicas relacionadas directamente con el vino como las cráteras, empleadas para misturar agua y vino, las tinaxas craterianas también y las dolias de almacenaje de las Rías Baixas.

Otras piezas cerámicas clave nacidas de la cultura vinícola son las jarras de vino de Loñoá de las Ollas,  un tipo de jarra más humilde para el consumo diario del vino en el ámbito doméstico, más sencilla, y la “jarra de las fiestas” específica para usar en las festividades y que llevaban un cordón y diversas incisiones decorativas. En Terra Chá la diferencia entre la producción de una jarra de agua y una de vino estaba en el beso, pues hacían lo de las de vino mucho más cerrado y estrecho para beber poco a poco. Entre los cacharreiros de Niñodaguia era común enfrentar varios besos para compartir el vino durante las labores agrarias. La barrila de Portomourisco añadía dos asas a la jarra de las que se colgaba una cuerda para transportarla.

 Pero sin duda la pieza que más explicita esta adaptación de los olleros a la cultura vinícola es la taza, el recipiente más representativo para el consumo de los vinos gallegos. Segundo el experto Luciano García Al otro lado, fueron los cacharreiros de Buño los que se profesionalizaron en la creación de estas piezas tan tradicionales y conocidas, estableciendo tres tipos para cada clase social:  las “Cuncas de los pobres”, el modelo más antiguo, hechas de barro pardo de escasa calidad y vidriada solamente en el interior; los “cunquelos”, presentaban ya un barro liso o dibujos esquemáticos que atendían a personas con un nivel económico mejor aunque no lo suficiente; serán las “tazas de los ricos” o “escudillas”, hechas en barro blanco decorado con incisiones, que con un borde más plano para lo placer del beber y vidriadas por ambos lados a las representativas de la clase social más alta. 

Será el grupo de alfareros de Gundivós lo que más se especializó en la creación de piezas de bodega para atender la producción vitivinícola de la Ribeira Sacra. Empleaban un tipo de cocción específica que le daba un característico tono negro y resina de pendiente para impermeabilizar el interior permitiendo garantizar la calidad y buena conservación del vino. Actualmente, en esta mismo área geográfico podemos encontrar una bodega representativa que retoma el sistema tradicional de fermentado en grandes ámboas de barro cocido.