Huevos de hormigón, una nueva forma de almacenar el vino.

15 de Marzo do 2025
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Aunque parezca un invento reciente, ya existían recipientes de hormigón para almacenar o vinificar el vino en la Europa del siglo XIX, a estos añadían un elemento extra para evitar el contacto del vino con el cemento, principalmente por 3 motivos: evitar la degradación del depósito (el hormigón es vulnerable a la acidez propia del vino), evitar la contaminación en el sabor del vino y por último, facilitar la limpieza del contenedor, previniendo posibles contaminaciones de bacterias u hongos. Y aunque “desaparecieron” durante un largo tiempo, los enólogos están intentando recuperar esta práctica debido a que el material no armado de unos 10 a 17 centímetros dará un cierto valor al caldo.

Según el enólogo argentino Juan Pablo Michelini, la forma ovalada permite que el vino tenga “un movimiento constante, sin intervención de la electricidad o de bombas, con lo que se logran redondear los taninos, que se van puliendo en las paredes porosas del huevo. Por otra parte, se mantiene la misma temperatura en todos los puntos del contenedor, lo que para el vino es fundamental”.

Además, el huevo de hormigón no añade sabores, guardando así su “sabor original” tanto de la uvas como del terruño, permitiendo la micro-oxigenación propia de los taninos, algo que no se puede conseguir de manera natural en las tinajas de acero inoxidable.