El pasado lunes finalizó la Semana Santa, conmemoración de la pasión de Cristo en la cultura cristiana. La mayor parte de nosotros, al hablar de pasión, se nos aparecen en la imaginación ciertos momentos concretos: un campo de olivos, Judas besando a Jesús, la subida al monte Gólgota…, etc. Una de estas imágenes es, sin duda, la última cena de los apóstoles con Jesús. El momento ápice de esta comida pascual es la consagración del pan y del vino, o sea, la transubstanciación de Cristo en el pan y en el vino: Tomad y comed, este es mi cuerpo” … “Tomad y bebed, esta es mi sangre” (Mateo 26, 26-29; Marcos 14, 22-25; Lucas 22, 14-20).
De entre los símbolos presentes en esta escena vamos a destacar dos. Tanto el cáliz como el vino fueron temas de debate y controversia entre historiadores, teólogos o, en resumen, cualquier persona interesada en el tema.
El Santo Grial fue enormemente venerado y buscado. Muchos son los textos en los que se concentran las leyendas que relatan su historia y su paradero actual. Chrétien de Troyes (ca. 1130-1180) fue unos de los primeros en mencionarlo en su narración inacabada Perceval, de clara influencia cristiana. Trata de la llegada del caballero con este nombre al castillo del Rey Pescador, quien le muestra un cáliz con una especie de oblea milagrosa.
Muchas son las reliquias consideradas Santo Grial a lo largo y ancho de todo el mundo: Siria, Génova, Viena, Gales, etc. Mismo en la Península Ibérica, con nada menos que tres ejemplares, más o menos cuestionados, de esta histórica copa:
- El Santo Grial de la Catedral de Valencia, conservado en la antigua sala capitular. Consta de una copa de ágata de 7 cm. de altura y 9,5 cm. de diámetro y con un pie con asas añadido posteriormente. Según la tradición, lo trajo desde Roma san Lorenzo mártir.
- El Cáliz de doña Urraca, ubicado en la Basílica de San Isidoro de León. Se compone de dos copas o tazas de ónice de origen romano. Tras la donación de un califa fatimí al rey Fernando I el Magno, se lo dejó como herencia a su hija, Urraca de León.
- El Santo Grial en el Monasterio de Santa María do Cebreiro, en Lugo. Se relaciona con una leyenda en la que se cuenta como un monje, poco comprometido con sus deberes fue testigo, en el momento de la consagración, de la transformación de la hostia y del vino en carne y sangre. Fue larga la creencia de que este era el cáliz que figura en el escudo de Galicia, pero en el reciente estudio del medievalista Mathew Kuefler, How the Holy Grail ended up in El Cebreiro, Galicia (2012), este autor afirma que la asimilación de uno con el otro fue resultado de un fenómeno lingüístico, la paronimia, que precisamente se define como: la confusión de dos palabras semejantes en su etimología, forma y/o sonido.
Por otra parte, el vino siempre estuvo ligado al cristianismo y cuenta con una gran importancia dentro del relato bíblico (Noé plantando un viñedo, las bodas de Canáan) y en la liturgia ya que, como se comentó en el primer párrafo, representa la sangre de Cristo en la Eucaristía. Hoy en día este ritual se perpetúa. Habitualmente en nuestras parroquias el cura sigue ofreciendo el vino rebajado con agua... pero, ¿Cómo sería el original? Esta pregunta obsesionó tanto a enólogos como a estudiosos de la religión que, desde hace ya unos años, intentan recrear este bebida datada de casi 2000 años. Para esto, investigadores y científicos de la Universidad Ariel (Cisjordania) crearon un proyecto con el que lograron identificar 120 variedades de uva que crecían en Israel en aquella época. De todas ellas, hoy en día se suponen 20 las posibles. Un antepasado de la actual Syrah fue la más cultivada en aquellas tierras, por lo que podría ser una candidata con muchas probabilidades.
También fue objeto de estudio el proceso de elaboración. De estos, se extrajo que hace dos milenios era habitual agregar al vino agua, miel, hierbas y especias. Se almacenaba en odres o pieles de cabra, o incluso se dejaban las uvas expuestas a humo. De igual manera, también se baraja la idea de que pudo ser denso y muy dulce ya que, en zonas cercanas a Jerusalén, se encontraron jarras con inscripciones: “Vino hecho con pasas negras”, “Vino ahumado” y “Vino muy oscuro”. Por lo tanto, una de las opciones podría ser que el vino que bebieron Jesús y sus discípulos en esa última cena fuera denso, de cierto cuerpo, con un leve añejo con aroma ahumado, una graduación alcóholica en torno a los 14 grados y de una uva pariente de la actual Syrah.
Os dejamos también una serie de enlaces, con los que podréis acceder a los contenidos con los que nos hemos documentado para elaborar esta pequeña investigación.
El cuadro es La Cène, de Pascal Dagnan-Bouveret (1896). Arras, Musée des Beaux-Arts.