La tradición del "afiador" es una parte importante de la cultura gallega, que se remonta a siglos atrás. El "afiador" es una figura itinerante que recorre pueblos y aldeas ofreciendo sus servicios de afilado de cuchillos, tijeras, hachas y otros utensilios cortantes. Por lo general, llevan consigo un instrumento de afilado, como una piedra de amolar o una rueda giratoria, y anuncian su presencia con un llamado característico, como un silbido o una campana.
Esta tradición es valorada no solo por el servicio práctico que ofrece el afilador, sino también por su importancia cultural y social. El afilador a menudo es visto como un contador de historias y un guardián de la memoria local, ya que su presencia es una constante a lo largo del tiempo y a través de las generaciones.
A pesar de los avances tecnológicos que han hecho que los servicios de afilado sean menos necesarios en la actualidad, todavía hay algunos afiladores que continúan practicando esta tradición en Galicia, manteniendo viva una parte importante de la cultura y la identidad de la región.
Vinculando esta tradición al mundo del vino, durante la cosecha y la vinificación, también se emplean utensilios especializados como despalilladores, prensas, cubos, o herramientas de recolecta que siempre deben estar muy bien afiladas para impedir la entrada de enfermedades que requieren un mantenimiento continuo. El afilador se encargaba de este proceso, lo que garantizaba la funcionalidad y durabilidad de las herramientas utilizadas en la producción del vino.
Imágenes de un monumento dedicado a los afiladores. Ayuntamiento de Esgos.